viernes, 3 de agosto de 2012
Lo que se juega en la pérdida de un hijo; primera parte.
Carolina Martínez
¿Qué es lo que genera en el
sujeto la pérdida?... pérdida de aquel objeto amado, en el cual se deposito una
serie de afectos, que al irse deja un vacío irremplazable.
Tomo esta
pregunta para pensar en el momento en que un hijo se pierde. Qué es lo que deja
y se lleva un hijo que ha muerto, cómo se vive en los padres la pérdida de ese
hijo, y cómo con ello no existe un significante que hable de la situación de un
padre o madre que ha perdido a un hijo, a diferencia del hijo que es ubicado
como huérfano, cuando llega a estar en una situación de pérdida de uno de los
padres.
En
este ocasión abro más preguntas que respuestas, ya que en un intento de querer
dar respuesta a esto, siempre se esta sujeto al error, o al vicio de las horribles generalizaciones, y a pensar que se puede plantear como una
especie de DSMIV REMASTERIZADO una lista de efectos que generan la muerte de un
hijo en los padres. Con esto regreso a la frase repetitiva y de cajón (sin el afán
de demeritarla) del mundo psi, “caso
por caso”, aun aunque esto nos lleve a más incertidumbres y dudas, con respecto
a cómo es que llega a vivir un sujeto, en específico alguien que se posiciona
en el lugar de padre o madre, la muerte de un hijo.
Antes
de continuar con este escrito, me detengo a recomendar una película que me
vienen a la mente para seguir pensando en dicho tema: Rabbit Hole.
martes, 31 de julio de 2012
La enfermedad como goce, Olga Granados
¿Es mío mi cuerpo o está
consagrado al goce del Otro, de un Otro significante y de la ley que me despoja
de esta propiedad que sólo puede ser mía si la arranco de la ambición y del
capricho del Otro?
Tomando a Jean Baudrillard
"Tiempo atrás, el cuerpo fue la
metáfora del alma, después fue metáfora del sexo, hoy ya no es la metáfora de
nada, es el lugar de la matástasis, del encadenamiento maquinal de todos sus
procesos, de una programación al infinito sin organización simbólica, sin
objeto trascendente, en la pura promiscuidad por sí misma que también es la de
las redes y los circuitos integrados […] Y es posible que nuestra melancolía
proceda de ahí, pues la metáfora seguía siendo hermosa, estética, se reía de la
diferencia y de la ilusión de la diferencia. Hoy es la metonimia […] se instala
en la desilusión de la metáfora".
lunes, 30 de julio de 2012
Pensando las afecciones somáticas...
Carolina Martínez
Katia Weissberg, en su artículo Los caminos del
dolor, retoma a Piera Aulagnier, la cual menciona que el proceso de apropiación
de las sensaciones por parte del sujeto se inicia a partir de un momento
de identificación entre madre y niño, que se da por vía de la emoción.
Entendida como expresión de los afectos, como la "manifestación subjetiva
de los movimientos de investiduras libidinales", la emoción tiene un valor
privilegiado en la construcción del cuerpo psíquico del niño y de sus afectos
porque se transmite de cuerpo a cuerpo; las emociones maternas percibidas por
el niño a partir de sus manifestaciones orgánicas constituyen su fundamento
psíquico.
Si
bien es cierto que la figura de la madre será una parte importante en la
constitución subjetiva del bebé, también tendrá que pensarse la forma en que la
figura del padre empieza a hacer su aparición, y cómo es que la madre le abre
el paso al mismo, para que empiece a tomar su lugar; ya que dependiendo de su
propia historia, fantasmas, la relación con su propio padre y madre, entre
otras cosas, la nueva madre le irá dando un lugar al padre, y ello impactará
sobre el lugar que el propio hijo le vaya dando a este.
Todo
lo anterior lo planteo, para cuestionar el impacto que tendrá en la
constitución subjetiva, el que la madre, no le dé un lugar a la figura del
padre, y con ello, ella abarque de manera “omnipotente”, toda la atención del
hijo.
viernes, 27 de julio de 2012
Extracto del libro Madre Loca, Francoise Davoine
Preciso compartir este fragmento de Davoine, para pensar el psicoanálisis, y pensarnos en él.
...
El psicoanálisis, una tradición oral
Tal era entonces su sentencia. Era
inútil que el psicoanálisis disfrazara su herencia bajo montones de escritos,
no podía renegar de sus orígenes orales y de la tradición de los burlones, de
los tontos, de los torpes y de los otros “vencedores de la feria”.
-
¿Cómo dice?
-
Charlatanes, si prefiere.
También reconocían
para sí a ese gran loco Lacan. Él habría dicho textualmente que “el
psicoanalista no debe dudar nunca en delirar”. Me sublevé:
-
¿De dónde sacaron eso?
Número 1 lo
tenía de primera mano; el maestro incluso habría dicho a sus discípulos:
-
“Si hubiera sido más psicótico, probablemente
habría sido mejor analista. En cuanto a ustedes, sean más naturales en lugar de
encoger el cuello, tampoco se sientan obligados a estirarlo. Incluso como
bufones, están justificados a serlo. Mírenme, soy un payaso, tomen ejemplo de
eso y no me imiten.”
Sensible argumento de autoridad, lo acusé de crimen de
anacronismo.
-
Es inútil continuar con este diálogo. Si algún
día lo cuento ningún historiador me tomará en serio. Por otra parte, en vuestro
tiempo no existían estos hospitales, me lo dijo un especialista, dije muy
segura de mí.
Número 1 suspiró cansadamente:
-
Ya sabemos todo eso. Foucault también es de los
nuestros, si era eso lo que le molestaba, y otros stars de su Escuela. Entre
otros, ese filósofo farsante…A falta de torcerle el cuello a las
contradicciones del sistema encontró el de su mujer, más fácil de apretar. En cuanto
a este lugar de asilo, volveremos, no se preocupe, haciéndonos los locos en la
vía pública: ¡artículo 122 bis¡
En ese momento Madre Loca proclamó que era suficiente
por hoy.
-
¿Y si le ofrecemos una última farsa? Intentó Número
1, la de “los que despiertan a los gatos que duermen…”
Sonriendo por primera vez, Madre Loca hizo la señal de
partida con el brazo. En el portal se detuvo y me lanzó una mirada de reojo:
-
“Si quieren saber por qué estoy aquí, mírenme,
soy cornuda, corneadora, cavilosa, cascarrabias, casqueada, arrogante,
desordenada, con los locos graciosa y enfadosa, mordaz, maliciosa, cáustica,
deslenguada, madre y nodriza de discordias, ando por todos lados ultrajando, ultrajante
en cada hogar, laboriosa contra razón, razonable en hechos odiosos, odiando las
cosas establecidas…
A punto de desaparecer, cambio de idea:
-¡Cita aquí mismo!
En el momento
preciso que ella no precisó, contando con mi exactitud. ¡Y con que no cambiara
mis hábitos! Ella no toleraría un instante más verme sentada en mi banco,
pasiva, mirando con largavistas la locura del mundo, apta justamente para
garabatear esos escritos que habían estado en el origen de su rutina.
Con esas
palabras me dio la espalda, arrastrando a sus sujetos más allá del portal donde
se desvanecieron tan bruscamente como habían desaparecido.
Yo también
estaba harta de locura. Sin darme cuenta de que ya obedecía su orden me levanté
y me dirigí a la puerta del servicio para despedirme, muy segura de que no
volvería a poner los pies allí.
...
jueves, 26 de julio de 2012
Pensando a S. Bleichmar
Silvia Bleichmar, plantea en su libro La construcción del sujeto ético, "el autoerotismo marca simpre los inicios de la simbolización". Lo anterior lo tomo para pensar lo que pasa al subjetivar a un bebé, en donde no solo contará la satisfacción de sus necesidades básicas, sino toda la serie de actos que las figuras cercanas al bebé provean, desde los afectos, lo cual permita que ese bebé se vaya estructurando. Y donde el psiquismo de esos adultos que estan a cargo del bebé, jugará un papel crucial en el entretejido psíquico que se irá formando en ese pequeño.
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