miércoles, 25 de julio de 2012

¿Ser madre/padre?, siglo XXI



Carolina Martínez

Qué significa ser padre o madre en el siglo XXI. Es la época en la que se vive, el contexto en el que se encuentra uno, la historia personal que a uno le atraviesa (además de los fantasmas con los que uno carga) los que delimitan de manera voluntaria o involuntaria los trazos que guiarán la vida de una persona, y más aun lo que se asumirá como padre o madre (o madre y padre, como muchas mujeres solteras de la actualidad se reconocen y se les reconoce socialmente con ese adjetivo), o bien será que las problemáticas de lo que implica ser padre/madre son las mismas que se han dado a lo largo de la humanidad.

                Cuándo se podría decir que se deviene como padre o madre, cuando se imagina a un bebé (incluyéndose en la fantasía) aun aunque aún no se tenga el hijo o cuando se gesta en el vientre. Qué es lo que da un lugar en esta vida, el reconocimiento personal o el social, o una mezcla de ambos, en donde uno produce el otro. Dónde queda por otro lado el lugar del hijo, o es que se da de manera automática y sin pensarse, o se da en función a un reconocimiento personal-social. El hijo llega, por qué razones, qué es lo que llega a cubrir, descubrir o recubrir, hasta dónde el ambiente que lo recibe, va a ir contorneando un camino, junto con él mismo, que ayudarán a irlo formando (deformando/re-formando) en su pasaje por la vida.
                Estas son algunos de los cuestionamientos que me permito hacer para irme acercando,  a lo que en la actualidad deviene como uno de los retos principales de la humanidad: qué representa ser padre/madre, hasta dónde el malestar social mundial en el que nos encontramos tiene un trasfondo interpersonal, sin rayar con esto a la culpabilización, sino pensándolo desde cómo ese tejido social que empieza a construirse desde la familia, presenta una herida (real, simbólica, o imaginaria) importante en su seno interno, lo cual hace que cada vez se viva con mayor incertidumbre, el tomar el lugar de madre/padre. Cada vez se ve una comercialización “salvaje” de tips, consejos hasta llegar a una especie de “recetario de cocina”, donde al futuro padre se le viene explicando paso por paso, qué es lo que debe de hacer como padre o madre, cuáles son las expectativas que se tienen de él, y cuáles son los productos que debe de comprar acorde a la edad que tenga su hijo(a), qué debe de tomar en cuenta para elegir un buen pediatra,  cuáles son las recomendaciones de los “expertos” para tener un hijo sano, con “inteligencia emocional”, socialmente integrado y por consecuencia feliz.      

                Pareciera por momentos que cada vez el que ocupa el lugar de padre/madre, tiene que estar no solo preparado emocionalmente, sino también en un sinfín de conocimientos, habilidades, y “técnicas” para ser un “buen” padre. Hasta dónde el programarse, reprogramarse/desprogramarse, re-reprogramarse, en un sinfín de saberes, ayudará a ese sujeto a ser mejor en su labor como padre/madre.

                Actualmente se ve el lugar parentalidad muy “lastimado”, teniendo con ello varios efectos, como lo es la constante incertidumbre que viven los padres del siglo XXI, para ocupar su lugar de padres, y con ello el aumento de “recetas mágicas” de cómo ser un “buen” padre y educar correctamente a los hijos; o la producción de programas de televisión en donde los padres se ven desautorizados por una Super niñera (hada madrina) que durante 4, 5 o 7 visitas, definirá qué es lo que están haciendo mal como padres y por consecuencia qué es lo que tiene que cambiar para que sus hijos estén mejor educados, por medio de métodos muy conductistas y catárticos.  Considero que lo anterior no solo tendrá importantes efectos en la constitución subjetiva de los hijos,  además pongo como relieve y subrayo la disminución en la tasa de natalidad en muchos países.   Vivimos en la época del “reality show” de todos los temas habidos y por haber, donde lo más “reality” de ellos es la falta de reality y el exceso de show.


               

significar el deseo

Terapeuta

el segundo en el frente, asistir al otro...

viene del griego QerapeuthV (zerapeutés)

lunes, 23 de julio de 2012

Lo Materno


Lo materno:
 Lo que se juega en el proceso de tomar el lugar de madre

Carolina Martínez Dmz.

Velloncito de mi carne,
que en mis entrañas tejí,
velloncito friolento,
¡duérmete apegado a mí!

La perdiz duerme en el trébol
escuchándole latir:
no te turben mis alientos,
¡duérmete apegado a mí!

Hierbecita temblorosa
asombrada de vivir,
no te sueltes de mi pecho:
¡duérmete apegado a mí!

Yo que todo lo he perdido
ahora tiemblo hasta al dormir.
No resbales de mi brazo:
¡duérmete apegado a mí!
Gabriela Mistral



Se dice popularmente en mi país, al hablar del lugar de la madre: “madre solo hay una”, cosa que si bien no tiene mayor complicaciones en el sentido lógico y práctico de la frase, hasta cierto momento es un lugar que se tiene que conquistar. Con ello me refiero a que si bien una persona puede parir a un bebé, esto no conlleva que de manera automática el bebé identifique en la procreadora, a la mamá; ni tampoco ocurre que la mujer gestante, tenga y asuma su lugar de madre. 

            El conquistar el lugar de madre, es un vals de dos, donde tanto el hijo como la madre, deberán de reconocerse, no solo en la mirada, sino también en los actos, palabras, caricias, gestos, silencios, etc. siendo lo anterior atravesado no solo por lo consciente, sino primordialmente por lo inconsciente. Sin embargo habrá que tener claro que para que lo anterior ocurra, también habrá de intervenir el que represente el lugar del padre. 

            En México, la madre es una de las figuras que desde nuestros antepasados, más se sobrevalora, en perspectiva con el lugar del padre. Me explico y avanzo un poco más, para ir trasmitiendo mis reflexiones sobre el fenómeno que ocurre en mi país con respecto a la familia, entendida  en el sentido más genérico del termino, sin con ello excluir las nuevas formas de hacer familia, como lo son: madres solteras e hijos, parejas lesbianas e hijos, parejas gays e hijos, madres y padres divorciados que forman una nueva familia con sus respectivos hijos, etc. En el presente escrito solo me abocaré más que analizar estas nuevas formas de hacer familia, a pensar el lugar de la madre (y por consecuencia del padre e hijo) independientemente de la orientación sexual o estado civil de los que ocupen estos lugares. La madre, México, llega a ocupar un lugar de importante trascendencia en la vida cotidiana,  esto conlleva a tener importantes privilegios, pero al mismo tiempo se le llega a posicionar en un lugar de desigualdades, devaluaciones, sacrificios, que terminan condenándola y victimizándola, teniendo como resultado el que la sociedad, llegue a demandar de quien ocupa el lugar de madre, que ponga a primer plano, el ser madre, ante cualquier otro lugar u ocupación que pueda llegar a tener. Además nótese que las principales ofensas o “malas palabras” en México, incluyen a la madre.

Tomando en cuenta el análisis que Heriberto Yépez, hace de la familia del mexicano, en su libro La increíble hazaña de ser mexicano, donde menciona  que “la desintegración mexicana consisten fundamentalmente en una mujer que no se valora a sí mismo y un varón que no se autosustenta emocionalmente. Al no valorarse, ella necesita a los hombres para salir adelante económica y socialmente. Al no saberse autosustentar emocionalmente –al no poder estar solo, sin que una mujer cobije sus emociones, sin que una mujer le dé calor-, el varón depende de mujeres para encontrar sentido a su existencia. Sin ellas se siente frío, muerto”. Con lo anterior si bien, no es mi intensión hacer una generalización de la estructuración psíquica de mujeres y hombres mexicanos, si lo tomo en cierta medida como punto de referencia para entender el efecto que tienen esto en el consciente y/o inconsciente colectivo del mexicano, al momento de estar en el lugar de madre o padre.  

Yépez, agrega en dicho libro, “ser madre en México, es sinónimo de aguantar, de someterse hasta llegar al hartazgo y estallar”. Si bien mi intensión no es hacer un estudio pormenorizado de la figura de la madre en México, pongo estos puntos en perspectiva, para poder entender, como muchos de los malestares en la actualidad, que remiten al lugar de la madre en mi país, pueden entenderse desde las expectativas conscientes e inconscientes que de manera transgeneracional se van heredando.

El anterior referente histórico, tiene como intensión, dar la pauta para entender cómo se accesa, ocupa y conquista el lugar de madre (en lo cual debe de pensarse también el contexto histórico y cultural, en donde se encuentre quien ocupe dicho lugar, de ahí la intensión de explorarlo desde mi contexto histórico). Sin embargo no podemos pensar en el lugar de madre, sin pensar en el lugar del hijo y del padre a la vez. Con ello retomo uno de los puntos que Daniel N. Stern, plantea en su libro La constelación materna. La psicoterapia en las relaciones entre padres e hijos, cuando expresa “al nacer el bebé, la madre empieza a reconstruir sus representaciones sobre quién es ese bebé y quién llegará a ser”, aunque también agrega que esas representaciones van de la mano de las primeras representaciones que esa madre tuvo, cuando solo estaba en el lugar de hija, en sus juegos de muñecas, y en todas las fantasías de las que se nutrió en su niñez y adolescencia. Con lo anterior se muestra como la madre, va verse atravesada grandemente no solo por su presente, sino por su historia pasada, lo cual junto con un sinfín de factores, le van a ir dando elementos para ir tomar dicho lugar; a lo cual se sumará el encuentro con su hijo, y con el padre de ese hijo, que hará que se vayan tejiendo las líneas que le permitirán ir delineando su lugar.

El lugar de madre, no solo se conquista con la ayuda del hijo y del padre, sino que considero que se irá re-editando en función a las circunstancias que la propia vida vaya marcando, además de las etapas de la vida en las que se encuentre dichos miembros. Lo anterior lo ejemplifico de la siguiente manera, una madre no puede tener el mismo lugar, como mamá de un recién nacido, que como madre de un joven o de un adulto; es necesario que cada uno de los involucrados vaya haciendo ciertas renuncias, sin dejar de lado las ganancias que a la vez se van logrando. 

 Cierro mis reflexiones, haciendo un análisis de lo que Pepa Horno, expresa en su libro Ser madre, saberse madre, sentirse madre, en donde expresa “crecer necesita espacios y tiempos propios. Las relaciones simbióticas entre padres e hijos, dañan a los niños porque les impiden ser autónomos y a los padres o madres porque los anula. Si no conservamos una identidad individual, más allá de la pareja, más allá de ser madres o padres, acabaremos destruyendo parte de nuestro ser y haciéndoles pagar el precio de ese dolor a nuestros hijos”. Por lo que considero que el lugar de madre, no deberá de anular el de mujer, ya que en muchas culturas, como lo es la mía (México), tiende a limitarse el lugar de la mujer al de madre, lo cual puede traer muchas implicaciones en la constitución psíquica no solo de las mujeres, sino también de los hijos que esas mujeres procreen, si llegan a tomar el mandato cultural como sinónimo: mujer=madre. Además considero que es necesario restructurar las teorías psicológicas, psicoanalíticas, psiquiátricas, en general todas las ciencias que se aboquen al estudio de los subjetivo, en donde se haga más presente la inclusión del lugar del padre en la constitución subjetiva del hijo, y no se repitan modelos teorizantes que realcen el matriarcado, y dejen fuera el lugar del padre, el cual lo trabajo muy de cerca Lacan. 

Y termino, tomando a Esteban Levin, con respecto a lo que menciona en su libro La función del hijo,  “la filiación de un hijo/niño a una genealogía, a un linaje, a una historia que sin saberlo lo preexiste y lo hace existir más allá de su cuerpo, de su herencia genética, de su organismo. El nacimiento de un sujeto estará delineado por esta herencia simbólica que, vía el campo del Otro, anuda la estructura al desarrollo, configurando los puntos de encuentro posibles, donde tendrá que reconocerse y afirmarse. Dicho reconocimiento y afirmación, tendrá que ir de la mano de la renuncia tanto a la madre y al padre, por parte del hijo. Por lo tanto,  si entendemos que las relaciones humanas, son de lo más complejo en el tema de lo humano, habrá que tener claro que, por tal motivo no se podrá hablar de funcionamiento “ideal” por parte de la madre, del padre o del hijo, cada uno hará lo que este dentro de sus posibilidades, contemplando que cada uno esta atravesado por sus fantasmas, actos, silencios, palabras, pensamientos, fantasías, emociones, historia, cultura, etc. que de manera consciente e inconsciente irán entretejiendo la vida del sujeto y por consecuencia las relaciones que este establezca con su medio.



 
Bibliografía
Horno, Pepa. Ser madre, saberse madre, sentirse madre. Ed. Desclée de Brouwer, S.A. España. 2011.

Levin, Esteban. La función del hijo. Ed. Nueva Visión, Buenos Aires. 2007.

Mistral, Gabriela. Poema apegado a ti: http://www.gabrielamistral.uchile.cl/poesiaframe.html

Stern, Daniel N. La constelación materna. La psicoterapia en las relaciones entre padres e hijos. Ed. Paidós, Buenos Aires, 1995.

Yépez, Heriberto. La increíble hazaña de ser mexicano. Ed. Planeta Mexicana. México. 2010.



jueves, 23 de diciembre de 2010

Proceso de transición, de la adolescencia a la adultez. Lo que se juega en el proceso de ser adulto.



Diciembre 2010
Carolina Martínez D

Qué es lo que se juega en el proceso de pasar de una etapa a otra, de perder la adolescencia y nacer en la adultez, cómo es que se sabe que se ha dejado de ser adolescente y se ha empezado a ser adulto; existen “adultos” que siguen siendo adolescentes en su interior o en su defecto adolescentes que tienen la edad para ser adolescentes e internamente sus actitudes reflejan más una adultez; es que el humano deja en su totalidad de ser adolescente para tomar otra apariencia, que claro no solo se queda en el ámbito de lo físico, sino principalmente desde lo subjetivo. Cómo puede el medio, la sociedad  comprobar o bien evidenciar que ese joven a dejado de ser adolescente para convertirse en un adulto, que ha dejado el manto protector de la adolescencia para emprender el pasaje de ser adulto; cómo es que un padre puede evidenciar que su hijo ha crecido y ha dejado de ser un adolescente y se ha convertido en todo un hombre o mujer, en pocas palabras cuándo se deja de ser adolescente y se pasa a ser una adulto, qué cuestiones internas y externas deben de atravesar para poder decir que el adolescente ha “muerto” y ha “nacido” por consecuencia el adulto. 

            Estas serán las preguntas con las que iniciaré mi análisis y que se centrarán principalmente en analizar el proceso de transición de la adolescencia a la adultez, además de poder caer en cuenta que no se podrá analizar dicha problemática sino se entiende el contexto particular por el que atraviesa cada joven su adolescencia, en otras palabras digamos que no podemos entender esta transición sino conocemos el contexto histórico, social, cultural, político, económico (por mencionar solo unos aspectos), los cuales tocarán, formarán y/o deformarán la subjetividad del joven adolescente, y con esto entender que aunque dos adolescentes estén atravesando la misma etapa de adolescencia, y compartan ciertas características básicas (o al menos las más elementales que tienen que ver con los cambios biológicos por lo que atraviesa cualquier joven en el inicio de esta etapa) nunca podrán ser los mismos, por poner un ejemplo las características de los jóvenes de México y los Japón; que aunque también es un hecho que no porque vivan en el mismo país van a atravesar el mismo proceso adolescente, si habrá más cosas en común entre sí, si son producto de una mismo país o estado, que si son de países con diferentes culturas.

             Esto me lleva a que puntualizar que en el ramo de la psicología, psicoanálisis o bien todo aquella área que implique el estudio de la subjetividad; es complicado platearse hacer generalizaciones, reglas, normas, o dogmas, y que por lo regular estas llevan a “pervertir” la visión o mirada que se tiene sobre cualquier tipo de fenómeno humano, o cualquier fenómeno en lo que lo humano se ve implicado o afectado directa o indirectamente. 

            Me detendré un momento a tomar y hacer mías las palabras de Octavio Paz, notable escritor mexicano (dicho sea de paso el único premio nobel que México ha tenido en cuestión literaria) lo cual nos ayude a ir apuntalando de una forma más directa nuestro tema a tratar que si bien tiene que ver como ya lo decía anteriormente con replantearlos qué es lo que se juega en el proceso de transición de la adolescencia a la adultez, esto me ayudará a empezarlo a ligar con otro proceso: el de Orientación Vocacional, que si bien la intensión del presente trabajo no será el de desarrollar o explicar el mismo, tendré que tocarlo de paso para poder entender lo que nos atraviesa en el desarrollo del presente ensayo. Paz decía: “la vocación más que un proceso intelectual es algo sobre todo afectivo, vinculado principalmente con las emociones, con el espíritu, con la esencia humana”. En ese sentido cómo entender la interrelación entre la orientación vocacional y el paso de la adolescencia a la adultez, que si bien con esto no quiero plantear que sea indispensable el atravesar por un proceso de O.V con un profesional para poder atravesar satisfactoriamente el duelo que se vive al pasar de una etapa a otra, sino solo lo tomaré la O.V como un proceso que nos puede también ayudar a entender la transición que se vive de una etapa a otra de la vida. 

            Regresando con Paz, y la concepción que éste tenía sobre la vocación, la cual la llega a ubicar como un proceso que se vive no desde lo intelectual, sino más bien desde las emociones, siendo estas emociones las que permiten al sujeto poder acomodar el montón de vivencias que se atraviesan a la hora de transitar por un duelo, un duelo no solo por el cambio desde lo corporal  y de las responsabilidades que van adquiriendo, sino más bien desde lo subjetivo. En esto me detendré un momento a plantear y a la vez incluir cómo lo que comentaba en un inicio, con respecto a tener que contemplar el contexto por el que atraviesa el sujeto, que en este caso,  un contexto lleno de complejidades como las que representa la sociedad postmoderna, y retomo a Marina Müller (2007) para entender al sujeto postmoderno, al decir de la autora, el sujeto producto de la cultura postmoderna, “es aquel en el que se acrecienta el individuo como centro, con invitación al hedonismo y consumismo “democratizados” en las sociedades del bienestar, en contraposición a la decadencia del ideal social y de los intereses colectivos de la primera etapa de la modernidad, caracterizada por la expansión industrial y la ética de la productividad y de la austeridad”. También es cierto que debemos de entender que la posmodernidad no se vive de la misma forma en África, por solo poner un ejemplo, que en Argentina, México o París.

            Estamos en un momento donde no se puede dejar de lado la influencia de la globalización en todo el mundo aun en los países más pobres, es de hacer notar que en éstos la postmodernidad no se va a vivir de la misma forma, digamos que son la clase más desfavorecida, aclaro, en el sentido (posiblemente) de vivirlo como algo ambivalente, ya que es algo totalmente extraño a su realidad, en el sentido de tener que subsistir con las pocas oportunidades que su contexto le presenta, en todos los ámbitos, los cuales se ven impactados principalmente por su  precaria condición económica, educativa, de salud, por solo mencionar algunos aspectos.  

            Una sociedad donde no se pueden garantizar a los ciudadanos las mínimas necesidades básicas, como lo son el alimento, agua, vivienda, educación, trabajo, servicios básicos (agua potable, drenaje, electricidad, gas entubado, teléfono, -e internet en nuestros días-) es imposible que se garanticen otro tipo aspectos como lo sería una sociedad que pueda considerarse “armoniosa”, que si bien no pretendo desarrollar que significaría lo armonioso en una sociedad, es claro que esta característica apunta a que pueda formar sujetos lo mas “sanos” posible o mejor dicho con una consciencia empática, de bien común,  que pueda garantizar el cumplimiento de los derechos humanos y con esto ayudar a que la sociedad que se geste, sea lo más “positiva” posible y genere en sus ciudadanos un inconsciente colectivo  que permita que todos los miembros de dicha sociedad puedan desarrollarse como consideren más conveniente a sus intereses, sin dejar de lado que éstos intereses ayudarán a que no solo el sujeto crezca y se desarrolle, sino a que el pueblo también lo haga. 

            Con lo anterior no pretendo platear el postulado de una sociedad utópica, sino solo generar una opción que ayude en el desarrollo integral del individuo y de la sociedad al mismo tiempo. Retomo a Bohoslavsky (2002), cuando menciona que “los psicólogos estamos acostumbrados a ver lo que el adolescente es, pero al adolescente le preocupa más lo que pude llegar a ser”,  además agrega que un joven que concurre a orientación vocacional demuestra estar preocupado por su persona en relación a su futuro; concurre a un orientador para buscar ayuda, lo cual indica que ese vínculo con el futuro está comprendiendo a OTRO.
 
           Considerando lo anterior será inevitable pensar, por un lado, la sociedad en la que desarrolla el adolescente para poder comprender su realidad, la forma en que se vincula, piensa, actúa, siente, cree, en pocas palabras la forma en que se constituye,  pero además no dejar de lado la propia subjetividad del joven, en el sentido de que cada adolescente representará un caso muy específico,  y con ello entender que aquel que se encuentre como orientador, deberá contemplar el proceso interno por el que atraviesa cada joven, para poder con esto ayudar de la mejor forma, en su proceso de descubrir quién es y quién quiere ser en la vida.  

            Tomo las palabras de Ginnott, psicólogo infantil, (citadas por Guillermo Jaim Etcheverry), donde menciona: “he llegado a la conclusión aterradora, yo soy el elemento decisivo en el aula. Es mi actitud personal la que crea el clima. Es mi humor diario el que determina el tiempo. Como maestro poseo el poder tremendo de hacer que la vida de un niño sea miserable o feliz. Puedo ser un instrumento de humor, de lesión o de cicatrización. En todas las situaciones, es mi respuesta la que decide si una cicatriz se agudiza o se apaciguará, y un niño se humanizará o se deshumanizará”. Si aplicamos esto a la figura del orientador, podremos decir que es necesario que éste tome una posición activa en el proceso que implica la orientación, pero sin dejar de lado que el joven asumirá un papel esencial en su propio proceso de elaborar un proyecto de vida, proyecto que no solo le permita vivir, sino también sobresalir y sentirse feliz, en paz y gustoso de lo que hace y deja de hacer, entendiendo que dicho proceso implicará  una constante construcción y deconstrucción del mismo. 

            Aunque no estoy del todo de acuerdo con Ginnott, ya que por momentos puede percibirse en estos planteamientos, un grado de omnipotencia, y por consecuencia esta pensarse como una postura de superioridad ante el otro, dejando al niño o adolescente como un mero receptor; por ello será importante que el orientador no tome una posición totalitaria, en el sentido de asumir que sus actos son los únicos que impactarán en las decisiones, pensamientos, sentimientos o acciones del joven; influyen, pero no determinan.

            Concluyendo, hay que entender que la adolescencia hay que verla desde una óptica más optimista y no reducirla como su nombre la ubica en una vil carencia (adolesceré)  de algo, o en el peor de los casos pensar que segregarla puede ser una forma de ayudarla, como lo hacían con los leprosos, según Michel Foucault (1976), en su libro Historia de la locura en la Época Clásica I,  pensando que esto ayudaría a erradicar la lepra.

            Entendamos que la transición de la adolescencia a la adultez no solo va a depender de los recursos (emocionales, intelectuales, sociales, culturales, psicológicos, etc.) que el joven tenga, sino de lo que también la sociedad  le provea figuras fuertes (padres, maestros, vecinos, amigos, conocidos, desconocidos, etc.) que le permitan crecer y lograr un buen pasaje, sin tantas complicaciones y sin tanta postergación, de una etapa a la otra; hacer que el adolescente se responsabilice de su vida, de sus aciertos y fallas, y con esto poder vivir con sus virtudes, limitaciones, inconsciente, falta, muerte y vida propia y del colectivo en el que se desarrolla.

            Cierro mis reflexiones con el siguiente poema:
EL INVENTO
Paul Éluard

La derecha deja de fluir de arena.
Todas las transformaciones son posibles.

Lejos, el sol afila en las piedras su prisa de acabar.
La descripción del paisaje importa poco,
Muy apropiada la agradable duración de las espigas.

Claro en mis dos ojos,
Como el agua y el fuego.
*
¿Cuál es el papel de la raíz?
La desesperación ha roto todas sus ligaduras
Y lleva las manos sobre la cabeza.
Un siete, un cuatro, un dos, un uno.
Cien mujeres en la calle
Que no veré ya.
*
El arte de amar, el arte liberal, el arte de morir, el arte de morir, el arte de pensar, el arte incoherente, el arte de fumar, el arte de gozar, el arte de la madurez, el arte de decorativo, el arte de razonar, el arte de razonar bien, el arte poético, el arte mecánico, el arte erótico, el arte de ser abuelo, el arte de la danza, el arte de ver, el arte de la diversión, el arte de acariciar, el arte japonés, el arte de jugar, el arte de comer, el arte de torturar.
*
Sin embargo nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo.

Yo haría un agregado a este poema: el arte de ser niño, adolescente, adulto y viejo.





Referencias bibliográficas:

Bohoslavsky, Rodolfo. (2002). Orientación vocacional. La estrategia clínica. 1ª. Ed. 22ª. Reimp. Buenos Aires: Nueva Visión.

Éluard, Paul. (2006). La capital del dolor. 5ª. ed. Madrid: Gallimard

Foucault,  M. (1976). Historia de la locura en la Época Clásica I. 12ª. reimp. México: FCE. 

Müller,  Marina. (2007).  Orientar para un mundo en transformación. Jóvenes entre la educación y el trabajo. 2ª. ed. Buenos Aires: Bonum

Simpson, Ma. Gabriela (2008). Resiliencia en el aula, un camino posible.1ª. ed. Buenos Aires: Bonum  

Revista Mexicana de Orientación Educativa, No. 0 (2003).Entrevista a Octavio Paz sobre su vocación (I), Héctor Magaña Vargas.